Ya sea atado a la espalda de su madre, colgando de una hamaca en una choza de barro o anidado en un moisés forrado de encaje en un cuarto pintado de color rosa, todos los bebés se las componen. Pero si bien el acto real de dormir es siempre el mismo -durante el descanso los niños están inconscientes y sueñan- el ambiente del sueño puede ser muy diferente para cada criatura. Tomemos el ruido, por ejemplo. Un bebé que duerme solo disfruta de un considerable silencio, con pocos ruidos que penetren sus sentidos. El bebé que duerme en una habitación llena de gente, aunque los otros también estén durmiendo, se encuentra rodeado de ruidos: voces y respiraciones.